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“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. (Jorge Luis Borges)
Tal como contamos en el texto anterior, “Los amantes de los libros no nacen, se hacen…” y es por esto que se hace necesario que los padres vayan desarrollando a temprana edad de sus hijos el gusto por la lectura. El rol de los padres es fundamental, ya que cuando incentivamos la lectura y escritura, estamos creando herramientas para que nuestros niños puedan desenvolverse durante toda su vida.
Para que los niños logren generar un real vínculo con la lectura es necesario crear hábitos claros y ordenados.
La primera lección que se le debe enseñar a un niño es que puedan identificar cada una de las letras de su alfabeto y que esta letra puedan asociarla a un sonido característico, lo que se puede hacer a través de juegos didácticos con cubos, mirando libros con imágenes atractivas y jugar con letras magnéticas. Estas actividades didácticas se deben ir complementando con canciones y cuentos infantiles, porque esta comprobado que los niños siempre se interesan cuando un adulto, de preferencia su padre o madre, les cuentan historias, logrando de esta manera crear un acercamiento con sus hijos, creando vínculos especiales, que irán mucho mas allá de una simple enseñanza.
Nuestros hijos, a medida que van creciendo, llegan a un punto que pueden generar sus propias ideas y entienden que estas pueden ser anotadas en un texto, ayudándose de dibujos, símbolos y letras.
Todos estos pasos llevan a que los niños puedan generar hábitos de lector como por ejemplo mantener un libro en sus manos y fingir que leen.





