¿Qué está pasando en el cerebro de tu hijo cuando le lees un cuento?

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"¡Quiero Los Tres Ositos!"

En estos días, los padres, cuidadores y profesores tienen muchas opciones cuando se trata de cumplir esta simple solicitud. Puedes leerles un libro ilustrado, poner una caricatura, reproducir un audiolibro o incluso preguntarle a Alexa.

Un estudio recientemente publicado da una idea de lo que puede estar sucediendo dentro del cerebro de los niños pequeños en cada una de esas situaciones. Y, dice el autor principal, el Dr. John Hutton, hay un "efecto Goldilocks" (Ricitos de Oro): algunos tipos de narraciones pueden ser "demasiado frías" para los niños, mientras que otros son "demasiado candentes". Y, por supuesto, algunas están "en el punto correcto".

Hutton es investigador y pediatra en el Cincinnati Children's Hospital con un interés especial en la "alfabetización emergente": el proceso de aprender a leer.

Para el estudio, 27 niños de alrededor de 4 años ingresaron a una máquina FMRI (Medición de Actividad Cerebral por Resonancia Magnética). Se les presentaron historias en tres condiciones: solo audio; las páginas ilustradas de un libro de cuentos con una voz en off; y una caricatura animada. Las tres versiones provienen del sitio web del autor canadiense Robert Munsch.

Mientras los niños prestaban atención a las historias, la máquina escaneaba la activación de ciertas redes cerebrales, y la conectividad entre las redes.

"Analizamos esto con una idea en mente de las redes cerebrales con las que la historia podría influir", explica Hutton. Uno era el lenguaje. Otra era la percepción visual. El tercero se llama imágenes visuales. La cuarta era la red de modo predeterminado, que Hutton llama, "el asiento del alma, reflejo interno: cómo algo le importa a usted".

La red de modo predeterminado incluye regiones del cerebro que parecen más activas cuando alguien no se está concentrando activamente en una tarea mental designada que involucra al mundo exterior.

En términos del "efecto Goldilocks" de Hutton, esto es lo que encontraron los investigadores:

En la condición de solo audio (demasiado frío): las redes de idioma se activaron, pero había menos conectividad en general. "Hubo evidencia que los niños estaban muy forzados tratando de entender".

En la condición de animación (demasiado candente): hubo mucha actividad en las redes de percepción visual y auditiva, pero no mucha conectividad entre las diversas redes cerebrales. "La red de idiomas estaba trabajando para mantenerse al día con la historia", dice Hutton. "Nuestra interpretación fue que la animación estaba haciendo todo el trabajo para el niño. Gastaban la mayor cantidad de energía simplemente descifrando lo que significaba". La comprensión de la historia de los niños fue la peor en esta condición.

La condición de la ilustración y audio fue lo que Hutton llamó "lo justo".

Cuando los niños podían ver ilustraciones, la actividad de la red de idiomas disminuía un poco en comparación con la condición de audio. En vez de sólo prestar atención a las palabras, dice Hutton, la comprensión de los niños de la historia se "construyó" al tener las imágenes como pistas.

"Dales una foto y tienen una pista con la que trabajar", explica. "Con la animación todo se vierte sobre ellos a la vez y no tienen que hacer nada de trabajo".

Lo que es más importante, en la condición de libro ilustrado, los investigadores vieron una mayor conectividad entre todas las redes que estaban monitoreando: la percepción visual, las imágenes, el modo predeterminado y el lenguaje.

"Para los niños de 3 a 5 años, las imágenes y las redes de modo predeterminado maduran tarde y necesitan práctica para integrarse con el resto del cerebro", explica Hutton. "Con la animación es posible que te pierdas la oportunidad de desarrollarlos".

Cuando le leemos a nuestros hijos, están haciendo más trabajo de lo que parece. "Es ese músculo que están desarrollando lo que da vida a las imágenes en sus mentes".

La preocupación de Hutton es que a largo plazo, "los niños que están expuestos a demasiada animación corren el riesgo de desarrollar una integración insuficiente".

Abrumados por las demandas del lenguaje de procesamiento, sin suficiente práctica, también pueden ser menos hábiles en la formación de imágenes mentales basadas en lo que leen, mucho menos reflexionando sobre el contenido de una historia. Este es el estereotipo de un "lector renuente" cuyo cerebro no está bien entrenado para sacar el máximo provecho de un libro.

Una nota interesante es que, debido a las limitaciones de una máquina de resonancia magnética, que encierra e inmoviliza su cuerpo, la condición de contar historias con ilustraciones no era en realidad tan buena como leer en el regazo del papá o la mamá.

La unión emocional y la cercanía física, dice Hutton, faltaban. Entonces, ¿los intercambios se conocían como "lectura dialógica", donde los cuidadores señalan palabras específicas o incitan a los niños a "mostrarme el gato"? en una imagen. "Esa es una capa completamente diferente", de lectura de construccion, dice Hutton.

En un mundo ideal, siempre deberías estar presente para leerle a tu hijo. Los resultados de este pequeño estudio preliminar también sugieren que, cuando los padres recurren a dispositivos electrónicos para niños pequeños, deben elegir la versión más simplificada de un ebook narrado e ilustrado, en contraste con dispositivos de solo animación.


Artículo Original
What's Going On In Your Child's Brain When You Read Them A Story?

Publicado el 27/05/2018 por Jorge Inostroza

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