Leer cuentos impresos genera más interacción entre los padres y sus hijos

Aunque pueden competir en colorido e imágenes, al momento de leer un cuento a los niños, los libros electrónicos quedan en desventaja frente a los textos impresos. Un estudio realizado por la U. de Michigan, en EE.UU., descubrió que cuando padres y niños leen libros tradicionales hablan más frecuentemente y la calidad de sus interacciones es mejor.

"La lectura compartida de libros y cuentos es una de las actividades de desarrollo más importantes que las familias pueden realizar, no solo al exponer a los niños a un mayor lenguaje y vocabulario, sino también al brindar oportunidades de acercamiento físico y crear momentos de mayor vínculo", dice a "El Mercurio" la doctora Tiffany Munzer, pediatra especialista en comportamiento infantil y autora del estudio publicado en la revista Pediatrics.

Consciente de la rápida masificación de dispositivos como tabletas y libros electrónicos en los hogares, Munzer quiso averiguar cómo la tecnología podía incidir en esa experiencia familiar.

Con eso en mente, pidieron a 37 pares de padres y niños pequeños que leyeran tres tipos de libros: impresos, electrónicos básicos (solo texto) y en tabletas (con funciones interactivas y animaciones).

Las conclusiones fueron claras, dice la investigadora: los padres y sus hijos hablaron más entre ellos con los libros impresos que con los otros; además, el lenguaje que los padres utilizaron era más rico y abundante.

Además, con los libros electrónicos no solo las parejas interactúan menos, sino que los padres tienden a hablar menos sobre la historia y más sobre la tecnología del dispositivo en sí. A veces, esto incluía instrucciones sobre el dispositivo, como decirles a los niños que no presionen botones ni cambien el volumen.

Asociaciones positivas

La doctora Munzer precisa que muchas de las interacciones compartidas entre padres e hijos pequeños durante la lectura pueden parecer sutiles, pero en realidad contribuyen en gran medida a promover un desarrollo infantil saludable.

Por ejemplo, los padres pueden señalar una foto de un animal y preguntarle a su hijo "¿qué sonido hace un pato?". O pueden relacionar parte de la historia con algo que el niño ha experimentado, con comentarios como "¿te acuerdas cuando fuimos a la playa?".

El tiempo de lectura también se presta para preguntas abiertas, como consultar a los niños qué piensan del libro o los personajes.

Munzer dice que estas prácticas, que incluyen comentarios y preguntas que van más allá del contenido, se cree que promueven el lenguaje expresivo, el compromiso y la alfabetización infantil.

"La investigación nos dice que las conversaciones dirigidas por los padres son especialmente importantes para los niños pequeños, porque aprenden y retienen mejor la información de las interacciones en persona que de los medios digitales".

Asimismo, Munzer agrega que las interacciones no verbales -como la calidez, la cercanía y el entusiasmo durante el tiempo de lectura- también crean asociaciones positivas con la lectura, que probablemente se quedarán con los niños a medida que crecen.

La investigadora agrega que su objetivo no es hacer las cosas más difíciles para los padres. "Hoy trabajan más duro que nunca y también están más presentes que nunca con sus hijos. Con esto queremos ayudar a las familias a reflexionar sobre las actividades que realizan en conjunto, para nutrir su conexión".

Sin embargo, aclara Munzer, "si algunas familias sienten que la tableta o el libro electrónico brindan una oportunidad de interacción, también es válido".


C. González

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El Mercurio